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Biografía de Andrés Zerneri

Entrevista con el periodista Julio Ferrer sobre el Monumento a la Mujer Originaria

Cuestiones de Concepto

Entre dos pulsiones se destaca su estética


(consulte aquí para obtener información sobre la obra de Andrés Zerneri o concordar una entrevista con el artista)

Biografía de Andrés Zerneri

Andres Zerneri nació en Buenos Aires en octubre de 1972. Desarrolló su oficio como artista autodidacta a través de una práctica constante, que comenzó como un juego cuando era niño. Hoy, a sus 36 años, ha logrado experimentar numerosas facetas que lo señalan como uno de los artistas más prolíficos de la Argentina: director de arte, realizador cinematográfico, aficionado fotógrafo, docente, dibujante e ilustrador, productivo artista plástico, escultor, escenográfo premiado, director de una radio comunitaria en su adolescencia, animador socio-cultural y militante social. Director de las actividades culturales de la Casa Cabrera.
Quizás todas estas acciones expliquen esa insoportable ansiedad que lo llevan a ser un hombre casi siempre apurado e inquieto, y a la vez distraído. Este sitio compila un fragmento de la vasta obra de Andrés Zerneri. Una oportunidad para descubrir el trabajo de uno de los artistas más prolíficos de la Argentina.

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Cuestiones de Concepto
Zerneri no participa de concursos, becas, pedidos de subvenciones,
esponsoreos ni auspicios económicos, no tiene marchand ni mecenas,
no pretende que una galería le pague un sueldo por pintar
ni especula con vender sus obras en ninguna galería de Nueva York,
simplemente por que no le causa interés, nunca apela a estas posibilidad
y no orienta en ese sentido a sus alumnos o colegas.
Intenta demostrar que la vocación artística
poco tiene que ver con las especulaciones elitistas,
tercerizaciones y mercantilismos,
que el verdadero peso del artista reside en la constancia de su trabajo
y la grandeza de sus acciones como comunicador social.

Serie: La fragilidad del cartón
Intento liberar los personajes, hacer danzar a los cartoneros,
alivianarles el peso de haber nacido de ese lado de la historia,
hacer jugar a sus hijos, levitar a las gordas y traer a los desaparecidos,
intento jugar a que puedo hacerlo,
lo que queda es solamente la prueba del intento.

Encontré un elemento que empleo a veces desde la ironía,
otras desde la opulencia y marginalidad: “El carrito del supermercado”.
Este elemento abarca los dos posibles caminos,
las dos puntas de este gran “súper-mercado” lleno de artículos suntuosos,
de consumo, o de cartones para sobrevivir.

La serie de Bandoneonistas
Invitado por Alfredo Alderete presidente de la Academia Alemana
de Tango participó como artista plástico con una muestra de pinturas
en el marco de la Bienal de tango de Stutgart Alemania en noviembre de 1999,
en aquella geografía nevada encontró un nexo temático
como punto en común entre los alemanes y los porteños: El Bandoneón.
Un instrumento de acompañamiento fúnebre en su país natal
que como muchos se dejó llevar por el tango, encontró un ritmo y un rol
que exigía al máximo su potencial melódico,
otra forma de ser tocado y abrazado, una nueva relación física,
entre el hombre y el fuelle casi como una extensión pulmonar.

Ese símbolo quedó plasmado en la serie “Bandoneonístas”
que luego sería la temática fundamental
del proyecto de murales en las calles de Buenos Aires.

El tango de buenos Aires
El artista observa la cultura tanguera desde una perspectiva particular,
pues nunca deseó reproducir la iconografía tradicional.
“Avísenme si alguna vez hago un compadrito de sombrero apoyado
en un buzón o una pareja haciendo piruetas en el aire”.
Considera que la documentación de la cultura tanguera
tiene que ser un relato actual y verdadero, ni lo que ya no existe,
(ejemplo el compadrito), ni lo que hemos intentado hacerle creer
a los extranjeros que es el tango.
Hoy el tango es una expresión viva que se renueva,
que describe a un Buenos Aires desvastado pero enérgico,
que se busca a si mismo como el primer día.
” Pero yo no hago letras, hago murales, en ellos trato de ser actual
y de relacionarlos con el futuro, desde los bandoneonístas jóvenes
o los niños que juegan con un instrumento hasta fondos de protestas sociales”.

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Entre dos pulsiones se instala su estética:
“La Argentina es un país desangrado por los años de terror que se anidaron
en los tuétanos de la conciencia colectiva.
Scalabrini Ortiz definió al argentino como al “hombre que está solo y espera”

En ese marco la obra de Andrés Zerneri no hace sino reflejar esa vacuidad existencial,
por momentos con total crudeza, de a ratos desde la búsqueda de quien no se resigna a pensar
que la desgracia vino para instalarse, por lo que en parte de su obra vemos a un Andrés comunitario
que deja su lugar de observador y quiere que su pincel intervenga en la realidad que representa.

En la mayoría de sus obras Andrés muestra como pocos la fragmentación social a través
de figuras solitarias -salvo contadas excepciones- inmersas en un contexto que se exhibe difuso,
tal cual logra plasmarlos con esos fondos degradados, u obscuros donde aparece
algún recorte de papel de decoración, por lo que su obra también hace de los interiores
una realidad disgustada, sin caer en golpes de efectismo.
Más bien, conduce a la observación reflexiva.
Las formas de los cuerpos en la obra de Zerneri, desde los bandoneonístas ascetas,
a las realidades surcadas por changuitos de supermercado o cacerolas
- en clara remisión al 19 y 20 de diciembre del 2001- ,
tienden a mostrarse incómodos o en posiciones forzadas de escorzos con miradas perdidas,
como si lucharan todo el tiempo por escapar de algún tipo de iconografía “for export”.

La obra de Andrés ha logrado cimentar un estilo particular; sin embargo,
al contrario de la mayoría de los artistas modernos, necesita del público.
Por eso indaga en un lenguaje que le permita plasmar en trazos
y formas el claro compromiso social y político que late detrás de su estética.

Admirable rastreador de la anatomía humana, sus manos deambulan entre materiales nobles
y retazos de deshechos plasmando un universo de inocente candidez
que puebla los ojos de los desangeladas.
¿En qué academia que no sea la vida misma se enseña ese ritmo en el pincel,
el golpe preciso en el cincel, la sensibilidad en las formas que el barro adopta?
Me pregunto: ¿de qué Modigliani orillero ha salido ese trazo que presiente
que al interior de un cartonero se está dando la batalla entre ángeles sublimes
y abyectos demonios por una Argentina que no termina de morir y otra que no termina de ser parida?

Eso es lo que se da entre el Martín Fierro y el Vizcacha en la obra de Hernández,
los taitas de Marechal filosofando como latinistas en medio de un lunfardo que se desvanece,
o la geografía que se va llevando la vida como si fuera arena en la poética de Manzi.
Entre esas dos pulsiones se instala la estética de Andrés,
allí donde reside el nudo causal de nuestros pesares, de nuestros temores
y de nuestras preguntas sin respuestas.

Se trata de una estética que experimenta a diario,
consciente que logra retratar esta Argentina desolada desde una constante ternura
y una belleza provocadora. Que abre las puertas de su universo a de colibríes que le aporten risa.
Que se deja envolver por bandadas de mariposas volando en círculos irregulares.
Esto último tal vez dependa más de la sociedad a la que le habla que de él mismo.”
Rubén Mosquera (escritor)

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